Pocas palabras venden tanto en un salón como «keratina». Alisa, repara, da brillo, dicen. Algo de eso es cierto, algo es mercadotecnia, y la línea entre ambas cosas está menos clara de lo que debería. Te contamos qué hace de verdad, qué no, y cómo saber si tu cabello la necesita o le urge otra cosa.

Qué es (sin química complicada)
La keratina es la proteína natural de la que está hecho tu cabello. Con el calor, la decoloración y el tiempo se pierde, y la fibra queda porosa: frizz, opacidad, puntas que se abren. Un tratamiento de keratina repone esa proteína y sella la cutícula. El resultado es un cabello de aspecto más liso, con más brillo y con el frizz bajo control durante semanas.
Lo que la keratina no es
No es un alaciado permanente. Relaja y disciplina, pero tu onda o tu rizo regresan conforme el tratamiento se desvanece. Tampoco es reparación mágica: una punta abierta no se cierra, se corta. Quien te prometa lacio eterno o cabello nuevo está vendiendo otra cosa.
Hasta aquí, lo que hace y lo que no. Falta la pregunta importante: ¿tu cabello la necesita?
La respuesta está en el diagnóstico, no en la moda
Hay cabellos que piden proteína y cabellos que piden hidratación, y al tacto se sienten igual de maltratados. Aplicar keratina donde faltaba agua deja el cabello rígido y quebradizo. Por eso en el estudio los tratamientos capilares se cotizan según diagnóstico: primero vemos qué le falta a tu fibra y luego elegimos el tratamiento, no al revés.
¿Cuánto dura el efecto?
Entre 2 y 4 meses según tu tipo de cabello y los cuidados en casa. Lavar con shampoo sin sulfatos lo alarga.
¿Puedo hacerme keratina si traigo balayage o tinte?
Sí, y suele convenir: la fibra decolorada agradece la proteína. El diagnóstico define tiempos y producto.
¿Cuánto cuesta?
Según diagnóstico, porque el producto y el tiempo cambian con tu largo y tu daño. Lo revisamos en una asesoría rápida y te damos el precio antes de empezar.